50 cuestiones
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¿Dar la vida es sólo tener muchos hijos?

Tener hijos es, sin duda, la primera forma de dar la vida. Se trata de una aventura hermosa y extraordinaria pero no es la única. Está también la adopción, el compromiso de pareja en pro de la sociedad o de los pobres, como hicieron por ejemplo Raoul y Madeleine Folleran con los leprosos.

Tener hijos, no es sólo darles la vida biológica. Tampoco es una cuestión de cantidad, de tener muchos hijos. Tener hijos es asumir la responsabilidad de hacerles crecer. Los seres humanos, a diferencia de los animales, dan a luz cuando educan a los hijos y deben aprender a dirigir su existencia, en la medida de lo posible.

Educar es ayudar a otro a salir de la ingenuidad y a tomar las riendas de su vida de manera consciente libre y responsable. Es dar al niño que será hombre la posibilidad de construir su vida como individuo, de desarrollar sus propias capacidades, integrando la cultura que le rodea, los valores morales y los espirituales de la humanidad.

A este respecto subrayemos la importancia de enseñar a amar, a entregarse a los otros. El amor de los padres, que es el origen, se convierte en alma [...]inspiradora y guía de la educación, enriqueciéndola con valores como la dulzura, la constancia, la bondad, la entrega, el desinterés, el espíritu de sacrificio, que son los frutos más preciosos del amor. (Familiaris Consortio 36). Los padres cristianos deben proporcionar a sus hijos todo lo necesario para formen su personalidad progresivamente desde el punto de vista cristiano y eclesiástico.

Testimonio

Agosto de 1982 ¡Qué feliz soy! por primera vez soy abuela. Mi hija mayor acaba de dar a luz en Alemania a la pequeña Céline. Voy en seguida a visitarlas. Mi marido tiene que ir a Italia por negocios y Ana, nuestra hija pequeña, le acompaña. Paso una semana maravillosa, cuidando a la niña. Una noche suena el teléfono. Es mi marido que llama para decirme que Ana ha tenido un accidente de moto y está muy grave. Cojo el primer vuelo a Milán y, cuando veo la cara de mi marido, me doy cuenta de que nuestra hija ha muerto. Tenía 15 años era guapa, alegre, estaba llena de vida y ahora está en el tanatorio ¿por qué? ¿por qué?

Durante el funeral de nuestra hija, el corazón me late desesperadamente y experimento un profundo deseo de recibir la comunión. Tengo la impresión de que será lo único que podrá apaciguar el enorme dolor que siento pero no estoy bautizada. No entiendo bien el deseo de recibir la comunión. Una semana más tarde me decido a hablar con el sacerdote de mi parroquia.

Madre de una multitud

Fui bautizada algunos meses más tarde y el descubrimiento de Dios me permitió no encerrarme completamente en mi dolor. En efecto, al principio del año escolar me propusieron hacer catequesis a los niños ¿Por qué precisamente yo?, pensaba, que no puedo ver un niño sin echarme a llorar. Pero Dios sabía lo que hacía. Sabía que solamente el afecto de los otros niños podía curar mi tristeza.

Hace ahora diez años que los niños iluminan mi vida y que su amor ha acabado con la angustia y las lágrimas. Y no sólo eso, pues ahora también me ocupo de personas mayores en una residencia de ancianos ¿Os dais cuenta? Me han convertido en madre de una multitud de hijos de los que el más joven tiene 8 años y el mayor 102.

Carlota


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