50 cuestiones
50 cuestiones
¿Por qué tengo que vivir
si no pedi nacer?

Te lo preguntas porque estás sufriendo. La vida te parece insoportable. Seguramente por diversas razones: falta de amor o incomprensión, abandono, duelo o enfermedad, fracasos sucesivos o miedo al futuro. No puedes aceptarte tal como eres. Atormentado, asfixiado, te sientes solo... En resumen, no te quieres a ti mismo y crees que nadie te puede querer. Prefieres morir en vez de vivir algo que te resulta insoportable. La muerte te parece una salida de emergencia y te fascina.

En tu sufrimiento, un mensaje de esperanza: ¡eres amado! ¿Aceptas dejarte amar -tal como eres, ahora- por alguien que ha dado su vida por ti? ¿Quién es? ¡Jesús!

"¡Jesús murió!", me dirás. Sí, es verdad. pero ha resucitado y vive entre nosotros. Hoy, ahora, puedes hablarle. Él te escuchará. No es difícil: confíale los que sientes en el fondo de tu corazón, cuéntale tu angustia, tu hastío, por lo que estás pasando. Pídele auxilio... Esta será tu oración. Créeme, le conmoverás porque Él te comprende. Como tú, en Getsemaní, la víspera de su muerte, sintió una terrible angustia. Por eso está muy cerca de ti. Quiere y puede consolarte.

No pases sólo los momentos de esta enorme angustia. Pide ayuda, habla con un amigo, con un conocido en quien confíes... Llama a "SOS Oración". Allí un hermano te escuchará y rezará contigo o a otro organismo que también respete tu anonimato.

Cuando descubrimos que Dios nos ama, podemos reconciliarnos con nosotros mismos y aceptarnos con nuestras debilidades y nuestro pasado... Comprenderás poco a poco que tu vida tiene sentido si la dedicas a los demás, si tú también intentas ayudar, dar ánimos a los que sufren a tu alrededor. Entonces darás cuenta de que tu vida no es ni gota en el océano, ni un número que salió de una estadística por casualidad.
(Ver también cuestiones 42 y 43).

Testimonio

Tenía 18 años y quería morir. Agotado, hastiado, estaba completamente deprimido. Tenía la impresión que tiraba de un carro cargado de plomo, tiraba y tiraba hasta que ya no podía avanzar más.

Pero quería morir sin sufrir y pensé en usar cianuro, que suponía que era tan rápido como indoloro. ¿Cómo conseguir cianuro sin llamar la atención? Era difícil donde vivía. Preferí fabricarlo yo mismo con la química que aprendí en el instituto.

Una mañana de febrero, aprovechando que estaba solo en casa, me instalé en el cuarto de baño para fabricar mi producto. Una chispa debía provocar la reacción, pero el experimento fracasó.

Me encontraba tan mal, tan decidido a terminar, que estuve a punto de bajar a la cocina para abrir la llave del gas... Sería más eficaz, aunque fuera más peligroso para los demás.

Entonces llamaron a la puerta. "El cartero", pensé. Si no abría, llamaría a casa de una vecina que nos ayuda en casa, recogería el paquete, se pondría a limpiar... y no podría suicidarme.

Por eso, abrí la puerta. Fuera hacía mucho frío, la noche anterior estuvimos a veinticinco grados bajo cero. En la puerta había un mendigo que había pasado la noche en la calle. Nos lo habían enviado porque mi madre atendía a los pobres de la parroquia.

Mi madre no estaba, ¿qué debía hacer? Pensé en despacharlo rápido para volver a mis proyectos, pero el mendigo temblaba. Tenía las manos azules del frío... Estaba tan aturdido que fue el recuerdo de una lectura lo que me guió: di cobijo al hombre y le ofrecí un café caliente.

Se quedó bastante tiempo, tal vez dos horas, mientras se calentaba antes de poder comer y beber.

Me pidió dinero: le habían ofrecido un trabajo, pero no se atrevía a presentarse con el pelo largo y sin afeitar; antes quería ir al barbero

Le di mi paga. Cuando se marchó, eché mano de unas monedas del fondo familiar y me fui al cine para pensar en otra cosa. Lo que me salvó fue acoger a alguien más pobre que yo.

Pedro


Testimonio

Me llamo Cristal tengo 18 años y vivo con mi abuela. Durante mucho tiempo fuí con un grupo de chichos de 20 años del extrarradio. Era la única chica. Todo era alcohol y perversión.

A principios de noviembre, el padre de uno de ellos intentó violarme. Me sentía tan sucia que dos días más tarde me abrí las venas. Fracasé. Mostraba mi rabia en mi aspecto: llevaba ropa negra, iba muy maquillada, el pelo medio rapado. Estaba llena de violencia y agresividad.

En diciembre, el segundo intento de suicidio. Esta vez, con somníferos. Fracasé de nuevo. Conseguí dejar el grupo de los chico. En febrero de 1990, durante una pelea pegué a mi abuela e intenté suicidarme rajándome las dos muñecas con el cristal de una botella. Fracasé de nuevo (pero tengo unas cicatrices ¡enormes!)

A partir de marzo empecé a hacerme cortes en los brazos y en otras partes del cuerpo, a esnifar cola o éter, a fumar porros y a colocarme con somníferos y a veces bebiendo. Al cortarme sentía un placer violento.

En agosto de 1990 asistí al Fórum de Jóvenes de Paray-le-Monial. No fui precisamente a rezar, sin embargo a medida que pasaban los días estaba más y más calmada.

El tercer día del Fórum, el 11 de agosto, todo cambió Durante la misa, el sacerdote dijo algo totalmente cierto. "Hay una chica de 16 años que ha intentado suicidarse tres veces en lo que va de año año [...] El Señor la salva de sus sombres ideas y del suicidio, la llama a la vida...", me inundó un torrente de lágrimas.

Sentí que mi corazón ardía como cuando se está enamorado y tuve la impresión de que alguien se apoyaba sobre mi mano izquierda. Sentí como me liberaba de todo y me llenaba de una alegría inmensa ¡Acababa de descubrir que ansiaba la vida!

De un día para otro, dejé la droga, los cortes con cristales, dejé de raparme la cabeza y toda la degradación y la autodestrucción. Empecé a llevar ropa de colores.

He sufrido síndromes de abstinencia, de angustia, pero la oración ha sido siempre mi mayor apoyo. Desde que recibí esta gracia, voy todos los miércoles a un grupo de oración. he encontrado un amor seguro y fuerte, el de Jesús. Y quiero que todo el mundo, especialmente la gente joven que se ve sumida en la soledad y la delincuencia, lo sepa : ¡Dios vive y nos ama!

Cristal