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¿Cómo acompañar a una persona al final de su vida ? |
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Denise Lallich ha compartido durante quince años, el sufrimiento de su marido, excirujano dentista, que tenía la enfermedad de Alzheimer. Ella ha contribuído, estos últimos años al acompañamiento de estos enfermos y de sus familias y de su experiencia ha sacado unas conclusiones que iluminan mucho las cosas. " ¿Hasta cuándo seguirá siendo un hombre? Es la pregunta que cada familia se hace al tomar consciencia de la gravedad de la enfermedad. Habiendgado hasta el final del camino, yo sé que esos hombres y mujeres enfermos, heridos en todo su ser, tienen algo que darnos e incluso que enseñarnos hasta que la muerte nos separe si sabemos escucharles, si podemos llegar a oírles, incluso cuando "balbucean" o ya no hablan. (...) Quién no ha oído decir a ese hijo: " Ya no es mi padre"; a ese médico: "Hay que ingresar a su marido, se va a convertir en un animal". Y esa pregunta pronunciada de manera más o menos clara: " ¿Tiene todavía algo de humano?" Encerramos a ese hombre o a esa mujer en una imagen de la que ya no tiene derecho a salir y es esa imagen la que nosotros queremos. Pero el enfermo no se reduce a lo que nosotros observamos. No sabremos nunca dónde está el límite. Debemos pasar de la autosuficiencia a la confianza; así le daremos su dignidad de hombre y su lugar entre nosotros. (...) Frente a una persona que no puede dar testimonio de sí misma a través de la palabra, les toca a los demás dar testimonio. Son su garantía. Los que la han amado tienen un papel particularmente importante. Cuando el enfermo no puede asegurar por sí mismo su dignidad, es nuestra mirada la que se la restituye. (...) El enfermo necesita que permanezcamos de pie. Podemos estar tentados por la rechazo o la angustia y, a medida que los días pasan, por el heroísmo, el estoicismo o la resignación. Después nos damos cuenta de que podemos seguir siendo nosotros mismos guardando una distancia que no es una falta de amor puesto que nos permite vivir con el enfermo, sin vivir en su lugar. ¡Y necesita tanto de nosotros, de nuestro equilibrio, de nuestra creatividad, de nuestra vitalidad! (...) El enfermo de Alzheimer, incluso si es todavía joven, tiene el sentimiento de una pérdida de capacidad e incluso de identidad. Eso le induce a pensamiento de muerte que expresa sobre todo al principio de la enfermedad. Tenemos que ayudarle a encontrar la coherencia de su vida, mirando de modo nuevo el pasado para unir los pedazos entre sí, recordar los buenos momentos y luchar contra las frustraciones. A nosotros nos toca ayudarle a reconciliarse consigo mismo, manifestándole nuestra conciencia de la riqueza de la vida, mostrándole el lado positivo del pasado. Hay que vivir con el enfermo en la verdad. Si le respetamos, hay que hablarle, incluso sino sabemos lo que entenderá y cómo lo entenderá. (...) Hay que llegar a abandonarse y dejarse ayudar, a confiar en los demás. Hay un cierto paralelismo entre el proceso del enfermo y el nuestro: él pierde poco a poco su influencia sobre los seres y las cosas, su capacidad de comprender una situación, de dominarle. Nosotros tenemos que admitir este giro que ha tomado nuestra vida, que no hemos elegido, y aceptar que el ser que amamos se alja de la imagen que teníamos de él. Es una escuela de humildad, si podemos asumir esas pobrezas que sentimos como humillaciones... (...) Cuando Jesús vino a vivr entre los hombres, vino bajo la forma de un niño despojado de todo, sin poder y sin palabra. El "demente", privado de la palabra progresivamente, se une a este misterio. Ya no es nada, puesto que algunos se plantean incluso si sigue siendo un hombre. Es una forma de crucifixión. Y nosotros estamos al pie de la Cruz. (...) Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo, pero si muere da mucho fruto (Juan 12, 24). El sufrimiento es un acontecimiento que encontramos, igual que cuando vivimos un flechazo por alguien. Este acontecimiento es un caballero escondido.Emmanuel Mounier escribe: "El acontecimiento es nuestro maestro interior. No sabemos qué camino nos va a permitir descubrir. Diciendo esto, no se me olvidan los días o los años de dolor que ciega, de angustia que horroriza.. Pero poco a poco podemos descubrir el abandono-confianza en un camino que no hemos elegido. Y encontramos una cierta paz, que se transmite a aquel del que nos ocupamos. Permanecer en la esperanza en ese momento es andar enmedio de la noche, al lado de aquel que se nos ha confiado. Es mostrar que no se reduce a su salud ni a su inteligencia, sino que su ser es diferente de su apariencia y de sus capacidades que le abandonan poco a poco." Testimonio Desde hace una decena de años, voy a visitar a personas mayores en una residencia de ancianos. Dedico tiempo a los encamados y rezo en voz alta con ellos, con la certeza de que me oyen y participan a su modo. Un día fui a ver a una de esas personas hospitalizada y en coma desde hacía varios días. Le cogí la mano y acercándome a su oreja le canté un himno a la Virgen que habíamos entonado tantas veces juntas... Al instante, me apretó la mano y vi dos lágrimas correr por sus ojos. Me costó mucho dejarla. La noche siguiente el Señor se la llevó... Bernardette |