SI DIOS ES BUENO, ¿POR QUE LA MUERTE?

 
     

 

Te lo aseguro: hoy estarás Conmigo en el Paraíso"

En el elibro de la Sabiduría, situado en medio de la Biblia, aún siendo el último de los libros escritos del Antiguo Testamento, el autor dice: "Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo." (Libro de la Sabiduría, capítulo 2, ver. 23). Y, al principio del recito, con más fuerza quizá, declara: "No fue Dios quien hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes; él todo lo creó para que subsistiera." (Sab, 1, 13)

¿Cómo ha entrado la muerte en el mundo?

Conocemos la historia de Adán y Eva, contada en el primer libro de la Biblia, el Génesis: "Y Dios impuso al hombre este mandamiento: De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio". Dios, en efecto, no prohíbe nada a Adán y Eva, sino que por el contrario, les previene del peligro: el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal puede traerles la muerte.

No se trata de una manera de obtener la ciencia universal, sino de "conocer el bien y el mal". Decidiendo por sí mismo lo que está bien y lo que está mal (Génesis 2, 17), el hombre pone en duda de manera directa la bondad de Dios. Hasta este momento, su conciencia, iluminada por Dios, le permitía reconocer fácilmente el biel del mal. Pero el demonio, simbolizado en el recito bajo la forma de una serpiente, va a empujar al hombre a separarse de Dios. Y así, dice la serpiente, "seréis como dioses, conocedores del bien y del mal". Haciendo este gesto de auto-adoración (ser como dioses), el hombre rompe la relación de confianza vital que le unía a Dios, y va a decidir entonces cuáles son las cosas mortales que son el "bien" para él.

No lloréis

Hace unos meses, perdimos a Silvano, nuestro sobrino de 21 años. Sufría de cáncer desde hacía nueve años. Desde la edad de 12 años, sintió la llamada de Dios, que anunció a sus padres: "Quisiera ser sacerdote, por amor a Dios". Algunos años más tarde, entró en el seminario, a pesar de sus problemas de salud. Su presencia reposaba y se desprendía de él una dulce serenidad, a pesar de los dolores contantes ya al final. Era un joven muy discreto, muy bueno.

Un día, Silvano, consciente de que se iba a ir pronto, dijo a su madre, con lágrimas en los ojos: "Si supieras, mamá, qué bonito es el cielo, no llorarías". Nos pidió que no lloráramos, pues se iba al Cielo y un día nos encontraríamos con él... Intentamos hacerlo, pero a veces al pensar en él, es más fuerte que yo. El funeral fue muy bello: estábamos todos unidos por el sufrimiento, llenos de confianza, bajo la mirada de Dios. Y quizá por primera vez, mirábamos todos juntos hacia nuestro Padre. Las cosas habían cambiado, ya no era cada uno para sí mismo, sino más bien los unos para los otros.

Silvano se fue como una hoja de otoño, al Cielo, hacia su Creador...

Ana María

 


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